
Ismael Andrade Mecillas
Un gran fisicoculturista

El triunfo es parte del destino de un hombre cuando el esfuerzo y dedicación tienen un espacio real en su vida diaria, sin importar que camino se tome al estar predestinado al triunfo este llegará de manera inminente.
Esta es una forma de resumir en pocas palabras la ruta que Ismael Andrade Mecillas ha debido recorrer como atleta, a pesar de los obstáculos que se vio obligado a librar en el camino para convertirse en el actual instructor-fisicoculturista que ha logrado llenar su vida de triunfos y abrazos.
Sin embargo no todo ha sido músculos durante su trayectoria, su vida en el deporte comenzó de la mano de las artes marciales. Estando en preparación para convertirse en cinta negra debió tomar una decisión que cambió completamente su vida, dejó las artes marciales a pesar del dolor que esto le causaba; poco después se topó con el gimnasio y sin imaginarlo esto se convertiría no sólo en su pasión deportiva sino en su modo de vivir.
Aunque no todos sus caminos fueron tan fáciles como pudiera parecer. El primer obstáculo que Ismael debió enfrentar se encontraba en casa. Ismael combatió en primer instancia con el rechazo de su padre, que ante las carencias en el hogar consideraba la actividad deportiva como algo completamente improductivo y que sólo servía para gastar los recursos que se necesitaban en casa.

Aún cuando su corazón continuaba en las artes marciales, siguió tomando retos. El gimnasio de su completo agrado pero ahí estaba como parte de un compromiso contraído con Fernando Raya, antiguo alumno suyo de artes marciales. El año de 1988 se convirtió en el inicio de esto que aún no encuentra su fin.
En ese año, no sólo comenzó su andar por los gimnasio, sino también dieron inicio sus triunfos fue en ese momento en que los campeonatos logrados en artes marciales dan un vuelco y se convierten en trofeos de fisicoculturismo.
Con los triunfos tanto en artes marciales como en fisicoculturismo no sólo llegaron los trofeos y el reconocimiento de la gente, sino además el que Ismael más esperaba, el de su padre. Comenzó con los triunfos, a la par llegaron los abrazos y el reconocimiento de aquel hombre que poco tiempo antes le rechazaba junto con su actividad deportiva.
Ismael recuerda aquellos sus inicios en el deporte de las pesas como algo en realidad duro, si bien los triunfos se dieron casi de manera inmediata, en su memoria aún esta aquel primer gimnasio al que asistió. Un lugar desaseado y sin instructor, lo que llevó a Ismael a comenzar sus entrenamientos observando a quienes ya asistían a ese lugar, arriesgándose a una lesión por la falta de una correcta asesoría.
Las distintas y desagradables condiciones dentro de aquel su primer gimnasio, estuvieron a punto de evitar que Ismael se convirtiera en el campeón que ahora conocemos. Pero los músculos se encontraban ya grabados en su destino.

Un nuevo gimnasio, una nueva oportunidad y para noviembre del 88 Ismael ya se encontraba posando en su primer competencia de fisicoculturismo en Aguascalientes, y en ese su primer intento el segundo lugar de la competencia se regresó con él a León.
Debía entonces alternar su trabajo como carnicero con esta nueva pasión del gimnasio. Pasó el tiempo y los trofeos siguieron llegando, y una vez más el gimnasio cambió su vida. Una invitación a trabajar en el gimnasio y un si casi sin pensarlo lo cambiaron de la carnicería al gimnasio convirtiéndolo en instructor tan rápido como el ascenso de su carrera de fisicoculturista.
Luego de 28 años dedicando su vida al fisicoculturismo y 24 como instructor Ismael continua adelante, a pesar de tiempo sigue estableciendo metas para continuar creciendo como fisicoculturista y entrenador. A los 51 años ya no busca los trofeos y con ellos la recompensa del cariño, porque Ismael se ha convertido en un campeón que ya sabe pedir abrazos.