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Lourdes Pérez Villamil

Una atleta con causa

Este 2016 los kilómetros comienzan a pesar menos y a contar el doble, por las calles y carreteras la figura de una heroína recorre uno a uno, con la cara siempre en alto, los kilómetros suficientes para cumplir sueños.

 

Apenas un castigo en la infancia fue suficiente para transformar su vida y convertirla en la mujer que cada día y a cada paso lucha por la inmortalidad sin proponérselo.  La oportunidad de ayudar es para Lourdes Pérez Villamil ese momento en que aquella actividad diaria toma una mayor importancia.

Aquel castigo vinculado al deporte que le impuso su madre y una decisión tomada en la primara que le hizo comenzar a correr le cambiaron de forma positiva su vida.

 

Este año Lourdes tomó la responsabilidad de hacer que sus kilómetros trascendieran más que sólo en mejorar su apariencia y el cuidado de su salud física y mental, decidió tomar la estafeta para correr un maratón con causa cada fin de semana. Consciente se encuentra que este reto es un gran sacrificio pero el cansancio de sus piernas se mitiga al saber que sus carreras suman kilómetros para el bienestar de alguien más.

De ser una deportista en el puerto de Acapulco donde corría, practicaba ciclismo y era nadadora en aguas abiertas, Lourdes se convirtió de pronto en una desconocida y solitaria corredora en la ciudad de Irapuato.   Sin embargo eso no la iba a vencer, después de todo se encontraba en esta ciudad por una razón superior, sus hijas.

 

Para esta gran mujer que además es ultramaratonista, el deporte es vital ya que  te ayuda a ver la vida de forma distinta, a apreciar lo bello de cada día, a conocer el interior de las personas, esto es ver más allá de el esfuerzo realizado.

 

Los días de este 2016 han comenzado a quedar atrás, los kilómetros fortalecen sus piernas. Cada día es un momento más para disfrutar esa actividad que de pequeña tanto trabajo le costaba, y que ahora se ha vuelto indispensable en su día a día.

 

Porque Lourdes no sale simplemente a correr, sale a disfrutar, a coleccionar sonrisas y a conocer a aquellas personas que a pesar de sus limitaciones siempre tienen algo para compartir con los demás.

Y ahí sigue, corriendo y jalando mujeres para que cada vez sean más las que se sumen al deporte que tantas satisfacciones le ha dejado.  Continua agradeciendo a su madre aquel castigo que la sumergió de forma definitiva en el mundo del deporte; y continuará corriendo, pedaleando o nadando siempre con una meta tatuada en el corazón: ayudar a alguien más.

 

Este año coleccionará maratones, muchos de ellos sin medallas, por lo cual es muy seguro que en algún momento la encuentres por las calles, si esto llegara a suceder no la saludes corre a su lado que un kilómetro con causa ayuda más que cien apretones de manos.

 

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